domingo, 24 de agosto de 2014

Jamadí

JAMADÍ (GRACIAS)


El camino del aprendizaje es uno muy largo que  en realidad nunca termina,  un camino sinuoso, a veces parece apartarse de la ruta a nuestros objetivos, pero la vida en su gran sabiduría siempre nos lleva al sendero adecuado, lecciones de grandeza y humildad se toman en los lugares más inesperados, y no siempre el sitio más ostentoso es mejor que uno sencillo, los grandes misterios y las más grandes maravillas nos aguardan en cualquier parte, solo basta que nuestra sensibilidad este ahí intacta, que el ego y la soberbia a raya observen impotentes, y que nunca el estar subidos en un papel nos haga levantar mucho la ceja.
Este sábado mi destino me llevó a la sierra de Veracruz, donde opera un proyecto radiofónico de esos que enamoran, de los que llenan, de los que mantienen el espíritu del medio intacto y lo cumplen: servir.

Con fervor que en cada pupila se nota, los operadores de este medio se ponen al aire, mandando luces a través del campo electromagnético de nuestra tierra, entregan información, música, orientación, consejos.

¿Qué hace la diferencia -pueden cuestionarme- con cualquier otro medio en cualquier otra parte?
La inocencia, la verdad, la entrega.

La inocencia es uno de los dones que el cielo nos otorga de cuna y de los primeros en dejar ir, la inocencia es una virtud que pude extraer sin la ayuda del teorema de Fourier en este caso. La inocencia asoma en cada palabra en cada gesto de los que cumplen aquí esta incomparable  labor.

Inocencia  en el hablar sin pose, inocencia al mirar al vacío como en conexión con sus cien o mil o cinco o diez escuchas, inocencia que solo refleja un niño en la mirada cuando es sorprendido imitando algo que sus mayores harían, yo les devuelvo a esas  miradas  una gran sonrisa, no, no se más ni soy más que ustedes, (pienso mientras les sonrío) solo traigo conocimientos distintos, es todo.

Eduardo me atiende con mucha amabilidad, tanto como el buen Inocencio lo hiciera en días pasados,  nervioso paso al estudio de producción, ¡hum!, consola digital, interfaces, una Mac,  monitores lindos, micrófonos de diversos tipos, en resumen buenos fierros.
Le entro a la configuración, mi sinopsis se va conectando con los datos de teorías y tips de grandes maestros  y con muchas, muchas horas de práctica en el estudio, Eduardo me va respondiendo lo que le cuestiono:
¿Que graban? ¿Cómo lo hacen?  ¿Cómo tenían conectado?

Avanzamos poco a poco con todo el lenguaje digital que es exigente, llega el medio día, resolvemos lo más importante, salimos a comer.

La charla degustando un buen pollo frito nos lleva a compartir cosas personales, soy otomí me dice con seguridad, que orgullo le respondo,  yo estoy en la búsqueda de mi raíz ¿sabes? Le confieso.

Caminamos después por el tranquilo pueblo,  la magia emana de los frutos exóticos, de la comida, de las costumbres endémicas, un gran cuero de cascabel adorna una zapatería artesanal,  carne fresca se expende libre de clembuterol, reímos de cualquier tontería, regresamos a la radio.

Dieciséis canales digitales sincronizados a la aplicación más popular para la producción musical, nos dejan plenamente satisfechos,  repasamos todo, preguntas y respuestas quedan anotadas en un cuaderno.

Ya los niños que recortaban en papel y cantaban coplas al aire se marcharon, en la cabina de transmisión una locutora no para de mandar saludos y atender los controles, aquí no hay poses, ni aires de grandeza, ni selfis frente a la consola, ni retoque de selfis frente a la consola, no es   la locutora y sus seguidores es la locutora siguiendo a la gente,  hay verdad, hay pasión, hay humildad, y por ende hay grandeza.

Gracias me dicen cuando me marcho,
 ¡Gracias a ustedes respondo!,

Gracias, pienso ya en el autobús que serpentea por los maltratados caminos, gracias por la lección de vida, gracias por su tiempo, por sus atenciones, gracias por poner a prueba mis habilidades,  gracias por recordarme de lo que la radio se trata, gracias por el soplo a esta llama, gracias y como dice mi nuevo amigo Lalo,  Jamadí  inge, Jamadí en Ñuhü en gracias.

¡Jamadí entonces Radio Campesina!,  ¡Jamadí por siempre!


Bibián Reyes Agosto del 14.

martes, 19 de agosto de 2014

Tesalónica














Tesalónica


Estamos lejos, muy lejos de casa, tanto que la palabra casa ha perdido su significado ya, casi nadie recuerda  como suena  el viento en el brezal, como silba entre el follaje de los robles, ni la bruma eterna subir y fundirse en los bosques bávaros,  ni el fuego del hogar, ni  el perol donde borbotean  nabos y patatas, tampoco  el perro echado lamiéndo sus partes  saboreándose con el aroma.

Hago un gran esfuerzo,  no recuerdo el rostro de mis tres hijos menores, de mi primogénito solo su apiñonada tez y su rubio cabello, de la mujer casi olvido el aroma ácido de sus axilas, y del sexo solo recuerdo una gran hoguera ardiente.

Aquí  en el bisancio poco tiempo hay para remembranzas, la espada cuando no es de guerra es de trabajo tan duro como la batalla. El viento del mediterráneo menos húmedo que el del mar del norte es favorable a la salud, los padecimientos de la angina y del vientre no se conocen, las vides proveen buen vino, los olivos buen  fruto que son placenteros al cuerpo. Pero no venimos a eso si no a expulsar sarracenos e infieles, por la gracia del único señor del mundo, el misericordioso Jesucristo, venimos desde muy lejos a recuperar sus lugares santos, plagados de impíos e impuros, demonios encarnados de tez mortecina que cercenan cabezas sin piedad de hombres, mujeres y niños que tienen el infortunio de estar a su paso, nosotros por el buen nombre del Dios verdadero, venimos a derramar su sangre y la nuestra en la labor divina, ordenada por su santidad el papa quien desde el trono que iniciara el mismo san Pedro, prodiga de luces al mundo.

En la mismísima catedral de santa Sofía  llenos del espíritu santo, hicimos nuestros sagrados votos de armas, despues de escuchar santa misa con gran constricción, una a una fueron bendecidas las lanzas, las picas, los yelmos, los cuchillos, las espadas y los cascos.

 ¡Que el padre en las alturas nos provea de gran poder y con su gracia destruir a sus enemigos, expulsarlos a los confines del mundo allá en la parte de la tierra donde bestias  y hombres se aparean entre sí, dando lugar a inconcebibles criaturas de las que estos moros son cimiente!

El mundo es  otro desde aquí, lugar en el que convergen todas las razas, oriente y occidente chocan entre sí en estos parajes, prestos estamos a restablecer el orden divino, que los infieles sean  destruidos, que los devotos sean guarecidos bajo el filo de nuestras armas
.
Ya divisamos al enemigo formando un  gran complejo, ya escuchamos sus infernales gritos de guerra, ya resuenan sus demoníacos cuernos de carga, chispean los reflejos del sol en sus cimitarras, ondean de su rey los pendones y de Mahoma su falso profeta evocan sus palabras.

Nosotros en perfecta formación de guerra esperamos, nuestra noble montura cansada aguarda  el talón en su costado, señal de carga a campo  abierto,  el astro nos favorece pues se pone a  nuestras espaldas, puedo verlo ya reflejarse en las pupilas sarracenas.

Me encomiendo a San Bonifacio y al misericordioso Dios en los cielos, arremeto contra la turba del averno, mis viejos huesos tiene fuerzas para mi sagrada misión, ya cae mi espada con todo su peso, parto en dos un cráneo luego cerceno una cabeza, un dardo me atraviesa el hombro, un rugido escapa a mi pecho y me protejo con el escudo, tres saetas más que eran para mi humanidad se hacen añicos en el laminado acero florentino,  por la rendija del casco observo una columna de arqueros dispuestos a tirar nuestra línea de ataque de la que soy parte siempre, a mi lado un bardo pelirrojo con la barba hasta el pecho estrangula un moro con cada mano, mientras tres más lo apuñalan por la espalda el cuello y el vientre, donde el yelmo les permite clavar sus dagas, con los ojos inyectados de muerte, arroja a los estrangulados y sin prisa desnuca a sus verdugos, juntos los cinco y el bardo cruzan al reino de la muerte, el bardo al purgatorio y luego al reino divino, los horrendos árabes al infierno con lucifer.
Pierdo  mucha sangre, han tocado una arteria, en mis oídos zumba un panal de abejas, siento mis latidos en las cuencas de los ojos,  mi vista se nubla, escapa de mis manos mi acero bendecido, el peso del jubón, de la cota de malla, de mi  armadura manchada en sangre, me obligan a ponerme de rodillas.

Mis enemigos se aprestan a rematarme, como ratas comienzan a escalarme, uno a uno trepan por mi espalda buscando apuntillarme la nuca,  entonces pasan en mis pupilas, con la velocidad con la que un potro de monta cruza el campo ya sin la brida, todas las imágenes de mi vida:
 Desnudo corriendo en los meandros de otoño, luego  bebiendo leche agria en el regazo de mi madre, ya montando a pelo los percherones en la aldea, tambien llegan los ojos de Helda como saetas en los míos calvándose tan profundo que nunca de ahí salieron, que convocaron fuegos y apaciguaron mis ansias…

Entonces esa mirada me pone de pie como si desde donde se encuentra, allá en los bosques del norte  me controlara, a tiempo estoy para esquivar las dagas  que mis sesos buscan regar, me lanzo hacia atrás con todas mis fuerzas y con la cabeza disloco las quijadas de uno de mis  agresores, palpo en el árido piso griego, encuentro una roca, la clavo feroz en la cuenca de un ojo negro que jamás volverá a mirar nada, sujeto mi espada, me ayuda a levantarme, gotea mi sangre por el puño y moja el acero, levanto la vista, jalo una gran bocanada de aire veo en el cielo congregarse las aves de rapiña, ¡hoy no -les prometo- hoy no devoraran mi entraña!

 Blando mi hoja que salpica mi sangre y la  de mis adversarios, la adrenalina me inyecta fuerza, más la que dos costillas de un gran potro muerto de cansancio, procuraron en la cena  para sentirme vigoroso el día de hoy.

¡Cae la tarde! ¡caen mis oponentes!

 El gran dios en su infinita misericordia ha hecho una vez más justicia, bendijo el campo de batalla, guío mi mano y la de mis compañeros cruzados, la orden prevalece sobre el odiado enemigo,  ya tañen sus infernales toques de retirada, ya huyen despavoridos, ya arrojan las armas, ya  piden clemencia, ya el hermano devoto se arrodilla y arremanga los hábitos para orar al creador. Con el pelo revuelto, tieso de coágulos y fluidos viscerales,  le sigo con el resto, nos ponemos de hinojos elevando nuestras agradecidas plegarias,  lágrimas de dicha ahora brotan sin control por la tarea cumplida, el creador debe estar complacido con sus fieles  cruzados,  le han honrado recuperando un pedazo de su terrenal reino, oramos al unísono con fervor, el sol se ha puesto allá muy  lejos  tras el mar en las tierras galias; dentro de mí la falta de plasma  comienza a causar estragos,  anocheció pero no puedo ver una sola estrella, hay paz en el campo tinto en carmesí pero mis pensamientos son caóticos, Helda llega de pronto y todo se vuelve en calma, con amor pronuncia mi nombre: 

Hugo ven, dame la mano, conozco un lugar plácido,  camina conmigo, hallemos juntos donde repose tu cuerpo, aquí es donde quedará pues tu alma se irá conmigo, ya te esperaba desde hace tiempo, ven levántate por una última vez,  siente que ya no te pesa el metal en la piel ni hay sufrimientos en tu alma, ¡Agradece al creador el haber vivido en tierra cristiana y muerto en tierra santa!
Mira los campos verdes que te esperan, aspira el aroma de sus flores, paladea el agua cristalina, toca la suave espiga, observa las aves surcar el dorado cielo, despréndete de recuerdos que te atan a la carne, ahora para que al fin trasciendas, pronuncia el nombre de tu postrero hogar con dulzura.

¡Es hora, es  tiempo de tu gran marcha!

Feliz por el encuentro, ya no lucho por regresar al cuerpo,  de lado yace en tierra con los brazos en señal de oración rodeado de sus compañeros de armas quienes se santiguan, tan solo miro a mi dueña sonriente esperándome para partir con ella,  exclamo finalmente el nombre de la tierra que blanquearan mis viejos huesos.

Mis labios mortales improvisan, susurrando una última  frase:
¡Acoge mi cuerpo madre Tesalónica!

Bibián Reyes, agosto del 2014.

jueves, 14 de agosto de 2014

Tobías



Tobías



Sus manitas sucias sujetan un balde, sus piececitos descalzos, mugrosos, no se acostumbran a las piedritas del camino, recorre la distancia apresurado, sus ojitos denotan temor, no debe demorarse por que don bibis es perrucho y pega coscorrón, llega, llena el balde, camina de regreso, puja y suda, siempre suda, suda de día, suda de noche, la carita perlada brilla bajo el soleado día, regresa con dificultad al callejón, deja el balde, echa a correr, los niños pobres juegan siempre con mucha alegría, corre al solar de junto, la palomilla ahí se divierte, corren tras un gran cerdo que luce grandes colmillos inferiores, lo montan y molestan, no hay restricciones, nadie les da vigilancia ni atención, sólo los  que la divina providencia les provee cada día; jalan pues el rabo del gran puerco, lo hacen gruñir furioso, sale el dueño y corre tras ellos:

- ¡chaaaachos canijos!- grita y los apedrea, entre risas locas huyen rumbo al canal de aguas de riego pastosas mitad detergente mitad heces, sin titubear se quitan hasta los calzones arrojándose al bajo flujo, nadan, exploran, disfrutan con inocencia, comparten su miseria, son amigos, caritas diferentes pero todos iguales, el mismo padre, la misma madre, historias inverosímiles los llevaron a ese lugar y momento, comparten sin prejuicios ese mundo, el único que conocen.

Sus deditos tocan algo diferente en el viscoso piso, palpa de nuevo, no es una roca, no es basura común, el fondo fangoso le impide ver que es, la suciedad del agua le irrita los ojos, aun así se atreve a ir por ello, más esfuerzo del que creía necesario le hace tragar un poco de agua, sale escupiendo pero airoso, tiene en la mano eso inquietante, lo enjuaga, todos se aproximan y lo limpian, una lata oxidada toda  aboyada y de muy mal aspecto yace ahora en el piso, ninguno sabe que es, solo mirándola muy de cerca alguien se percata de que pueden leerse un par de frases en ella.



Sardinas en aceite...

Made in Spain

Existen, muchas reacciones faciales en los rostros de los infantes cada vez que descubren un trozo del mundo, pocas como la del dolor y el hambre se pueden ignorar, en cambio ahora la de alegría que da paso de inmediato a la de desesperación invade esas caritas; la agitan, ahora la azotan, ya le pegan con una piedra, ya la arrojan lo más alto que pueden al aire, nada, la lata no cede...

No recuerdo como la abriste, solo recuerdo tu rostro recrear la misma emoción, una y otra vez que nos contabas la aventura de la sardina oxidada, tu cara recobraba ese gesto y tus ojitos el brillo de ese lejano día, sé que la comieron sin cuidado alguno por lo oxidado de la lata, tampoco por que estuviera ahí desde hace quien sabe cuánto sumergida en el lodo, ni si la fecha de caducidad hubiera expirado, ¡o ni que la chingada! la abrieron, se la comieron y fueron los niños más felices del mundo...

Si, comer era tu coco, una torta, un tamal, unos tacos, a donde fuera que hubiera un puesto querías que te invitáramos de lo que se vendiera, un día entendí esa angustia que desarrollaste por la pobreza de mis abuelos: 

-No le pidas de comer a mi mama manito, no vez que no tiene nada que darnos- le dijiste un día a mi tío  poly, -vente vamos a tomar agüita de la llave y vámonos a dormir-.

Pinche Tobías, cada vez que veo tu foto me pegas un trancazo más duro que el que me hubieras dado alguna vez, pero nada se compara tampoco con el día mas feliz de mis recuerdos contigo, tu traías un pantalón cafecito con la raya planchada en los tubos, una camisa de manga corta de vestir blanca a rayas y unas botas baleaditas, entraste por el pasillo de la casa donde vivíamos en la Agrícola Oriental, la trini te abordo y te dijo contenta su voz mencionando:

Mira flaco sacó diez en su boleta...

Entonces me miraste y esa mirada tuya tan hecha con la ceja levantada desapareció y  fuiste el que siempre has sido detrás de la cara de malo que usaste siempre para ocultar tu bondad, me tomaste en brazos me abrazaste a tu pecho, me hiciste sentir como nunca en mi vida, por tu causa, me caí viejo...

Hoy hace un año que te vi por última vez en esto llamado vida, hoy hace un año tu en mis brazos te echaste a correr, se acabaron las tortas, las corretizas al montar el puerco, las tardes de televisión viendo el “Cuento de Cachirulo” comiendo pan frio en las gradas de tabla, en casa de don cuy, escuchando los reclamos de tus amigos por soltarles un pedo...

Se acabaron las idas a tocar con el sonido, se acabaron los chingaos que nos echábamos siempre, se acabaron las tardes reparando la combi, se acabaron los abrazos y los besos en tu pelona bonita y siempre descalabrada, se acabaron mis días contigo, se agoto tu tiempo, se apago tu luz.

Vino la muerte, y le agradezco que lo haya hecho, pues ya sufrías mucho, ya no me hablabas, ya no me mirabas, ya no tenias días lúcidos, ya no me decías -cómprame un refresco-, ni tampoco -te quiero gordo- con la voz quebrada... gracias flaca, gracias por venir por el.

No olvides que cuando sea mi tiempo, el tiene que venir contigo a llevarme de aquel lado, así se lo pedí, así convenimos.

Ojala perdones todo lo grosero que fui al ofenderte mi viejo, mi zaca, mi Tobías, tienes razón, la tuviste siempre, estoy bien pendejo.

Ahora pienso en ti y los recuerdos dolorosos se alejan con la suave brisa que acaricia mi rostro al andar por ahí, voy y corto uno de tus duraznos, cierro mis ojos y te traigo de tus mejores tiempos, así, fuerte, vigoroso, suda y suda pegando tabiques o manejando histérico el bochito amarillo gritando:

 ¡Muévete, pareces anciano!
 O diciéndome:

 ¿No entiendes? Pinche cerebro de mosca, fíjate mensote...

Nunca te gané a pegarle al marro cuando rompíamos una piedra, ni a sacar un tornillo atascado de un motor, tampoco a resolver un problema arreglando algo, el Ingeniero chingón eres tú, yo nada mas soy tu enano.



Bibián Reyes Agosto del 14.

martes, 29 de julio de 2014

Todos los días es el fin del mundo.


Todos los días es el fin del mundo.

Todos los días el sol se levanta radiante por la mañana, en su anunciación al alba, mil almas penitentes recitan una poesía secreta, las tinieblas huyen al oriente y del occidente las promesas de un nuevo comienzo surgen en cada rayo de luz que rasga el manto negro estrellado, lo hacen poco a poco todo jirones y al cabo de un rato, el telón de fondo azul da lugar al nuevo día; las aves en su loca algarabía lo reciben como todos deberíamos pues, cada uno es una promesa, un milagro de la errática existencia.

El gran foco que asciende mueve a todos los actores de este capítulo único e irrepetible a moverse, unos buscando refugio, otros buscando templarse, otros a calmar sus fuegos, unos más a provocarlos, en todas las latitudes del medio globo iluminado se realizan los squeches de la gran puesta en escena llamada vida.

Allá arriba del cerro, Bernardino lleva rato levantado, ya se lavó el rostro y atisbó el horizonte, la palabra orbe siempre le ha causado una sensación intensa, imagina en un segundo recorrerlo entre las nubes volando, divisando todos los paisajes y continentes ¡que sensación!

Desde su cabaña se distingue una milésima parte de ese gran “orbe”, se llena los ojos con la espléndida vista del valle que muy brilloso se mira por completo, las parcelas prósperas de milpas, los caminos que llegan hasta la ciudad que cimentada entre las dos sierras le parece, así a la distancia, vello púbico entre un par de colosales piernas de tierra morena.

Despeja su mente de esas ideas que le parecen vagas y sube al burrito, levanta la mano para despedirse de su prematuramente avejentada mujer y arrea sendero abajo a su humilde transporte, “ todos los días son un nuevo comienzo” piensa y se lo repite para sus adentros al compás de sus piernas balanceándose en los costados de su montura.

La maravillosa jornada hace unas horas estrenada por todos, hombres y bestias, se va ensuciando con malas obras y perversas actitudes, las oraciones de los devotos y las penitencias de los eremitas no alcanzan para purgar cada mala acción que se acumula en el aura del planeta, entonces el sol que decidido estaba a reinar perenne sobre las tinieblas, enferma de tanta inconsciencia y resulta gravemente herido, se desploma desde el cénit recién alcanzado y en una penosa trayectoria sucumbe finalmente tras el lejano horizonte, no si antes manchar con su sangre tinta en rojo el firmamento, tal vez reprochando nuestra bajeza, tal vez, exclamando ultimas bendiciones.

El sendero arriba es siempre y cada vez más pesado para el noble asno, y no es menos para su senil dueño, quién sabedor de esto, apenas recorren unos metros cuesta arriba, se apea para disminuir el trabajo de su borrico que ya se las arregla para sostener a cuestas las cargas de leña que serán carbón a la venta algunos días después, luego que a ocultas en el tupido monte, Bernardino queme a fuego muy lento las ramas de encino colectadas.

La tarde alarga las sombras justo cuando llegan bestia y hombre al claro, la mujer sale a recibirlos con una sonrisa triste, los mejores días de los tres tiene mucho han pasado, en su alma resignación y desesperanza por algún futuro mejor que nunca llegó, le incrustaron muy adentro gran tristeza que supo de alguna manera convertir en amiga, charlando con ella en las largas horas a solas en su sencilla morada.

Las aves aparecen en acción de nuevo, azoradas, confundidas, eternas habitantes de los confines aéreos, se reúnen en consejo entre el follaje de los árboles y presas de pánico discrepan sobre la inminente noche que a cada segundo se aproxima inexorable, ya gritan ya lloran, y en cada instante que un rayo de luz va muriendo tras las lejanas montañas van guardando silencio confundidas, aunque poseen los secretos de las grandes rutas migratorias, desconocen el por que de la huída del astro cada tarde.

La puerta del cielo se abre y en un parpadeo pasa el sol al otro lado, el fuego estelar se apaga, reinan las sombras, es tiempo de la dimensión etérea, que hospeda la magia y lo inconcebible, los entendidos de esto se protegen bajo una imagen santa o bajo el poder de la oración.

La puerta de la cabaña cruje por sus oxidados herrajes, y una vez dentro las sencillas figuras se colocan frente a frente junto al fuego del hogar, en sus pupilas se reflejan llamas que danzan, calcas exactas de otras llamas internas que el paso del tiempo extinguió.

Bernardino toma una mano de su mujer, la acaricia con un cariño acuñado a la sazón de compartidos sufrimientos, da un sorbo al café aguado y sonriendo exclama:
-Cuando llego acá arriba y te miro salir a recibirme, siento tanta alegría que no me importa si en ese momento llega el fin del mundo...-

A esto con la mirada baja y una mueca que podría ser una sonrisa, su mujer con una varita remueve los rescoldos de la hoguera y responde sin reprimir la emoción en sus palabras:

Entonces todos los días es el fin del mundo.


Bibián Reyes, Tulancingo Hidalgo

Julio del 14.


domingo, 27 de julio de 2014

Regreso a casa




Hace veintiún años, días más días menos que entré por primera vez a la radiodifusora, era de tarde, en la recepción estaba sentado un señor leyendo el diario, yo un poco nervioso le pregunté por el delegado sindical que no sé quién me había dicho que ahí trabajaba.
¡No esta! Me dijo con amabilidad, luego me miró con curiosidad y me preguntó:
¿Para que lo buscabas?
Soy operador de Radio le respondí con seguridad, y quiero ver si puedo trabajar en esta estación de radio.
Dejó entonces del todo el periódico en la mesa y me dijo con ese inconfundible tono amable:
Ah pues mira para eso no necesitas verlo a él, tienes que hablar conmigo, yo soy el dueño de la estación.
-Ah, pues mucho gusto señor-, le respondí, -mi nombre es Fulanito de tal y quiero saber si necesitan un operador en la estación-
Oye – me dijo- ¿ dónde has trabajado?
Uuu ni me hubiera preguntado eso, -en Radio Centro- le dije bien orgullosito.
Entonces me sonrió y me preguntó: -¿en serio? yo también trabajé ahí en Radio Centro,  ¿A quién conoces?-
-Al señor Vicente Atamoros, director artístico de la estación y al Sr. Sabino García que fue mi jefe en radio Consentida-
-Ah como no, si los conozco son mis amigos, además yo fui locutor de radio Variedades- me respondió muy animado y ya con más confianza me dijo:
-Oye ¿y sabes grabar?-

Fue mu primer puesto digamos formal en la parte operativa, pues en la radio de la capital me habían dado un interinato y muchas horas de práctica, además de haber hecho antes trabajo de campo como promotor de casa en casa.
En la XENQ aprendí muchísimas cosas, grabación y edición análoga en carrete abierto, rellenar cartuchos con cinta para pasar publicidad al aire; también ahí conocí a Luis Donaldo Colosio, grabé una célebre entrevista con Ricardo Garibay, conviví con Lourdes Guerrero y Flor Berenguer, fui dirigido por Don Ramiro Garza en programas especiales.
También recuerdo con mucha claridad el día que dos años y meses después el gerente de la estación me despidió, antes de salir el dueño me dijo con mucha pena: no sé por qué esto te pasó a ti, te voy a decir algo, pronto me van a nombrar director del Sistema de Radio y Televisión de Hidalgo, cuando sepas que estoy ya en ese puesto, búscame.
Asentí con los ojos rasos y salí a la calle, lloré en una jardinera frente a la estación.
Meses después me integré al sistema hidalguense de radio y televisión donde tuve la fortuna de conocer a otro grande de la radio en México: Don Jorge Quintero Rodríguez.
En la radio estatal aprendí otro tanto, grabar con Don Norberto Orduño la hora Nacional siempre era una gran clase de locución, tanto como editar las leyendas Hidalguenses del gran “Gato Seco”, fabulosa producción que nos tomaba horas de realización y post-producción totalmente en formato análogo.
Fueron cinco años de los que los primeros tres fueron los mejores, el día que dejé de aprender algo decidí salirme y regresar a la radio de mi querido Jefe.
Me tocó el cambio de formato a digital y el aumento de potencia de la estación, además la estación ya era un combo es decir transmitía en AM y en FM, pero las cosas no salieron bien para mí de nuevo y en un arranque de frustración acepté la invitación de la Radio Universitaria que estaba por iniciar transmisiones y necesitaba personal calificado.
El precio que pagué por esa decisión fue alto, perdí la confianza y la amistad de mi gran amigo, luego fui engañado por los dirigentes de la radio de la UAEH y en su lucha interna por el control de la nueva estación, nos despidieron a la mayoría sin pago alguno luego de poner “al aire” la estación.

El tiempo de vida pasa tan rápido como la lectura de estas líneas, la vida me llevó a los lugares exactos en dónde y cuando debía estar, hice muchos amigos y varios nuevos hermanos, la vida me dio mucho y me ha quitado otro tanto, y nunca la bonanza te hace crecer tanto como el infortunio; ni aprender tanto te hace ser más que otra persona.

La vida en su gran sabiduría me ha permitido regresar y hacer las cosas bien, remunerar el afecto y ayuda antes recibida, con enorme gusto y mucho cariño por la estación que me vio nacer profesionalmente, hoy catorce años después tengo la fortuna de recuperar a mi querido amigo, y es en todos los casos que las grandes amistades permanecen a pesar del tiempo y distancia, puedo afirmarlo categóricamente, pues tras un encuentro casual
y un gran abrazo, volví a entrar de nuevo a la difusora del brazo de quién me entrevistara aquella lejana tarde de 1993.
Hoy  codo a codo comparto la pasión por hacer Radio con mi querido y por siempre admirado Don Alejandro Wong.

lunes, 7 de julio de 2014

Dos perros y la lluvia


Húmeda tarde de verano en Tulancingo, la lluvia repentina provoca el malestar de la gente,  el vértigo de la urgencia por guarecerse es el común, los tianguistas se cubren con largos enlonados, niños con su impermeable puesto parecen camellos con las mochilas debajo, señoras con chamaquitos de la mano se protegen con lo que pueden o se guarecen en las marquesinas y quicios de los negocios, la mayoría evade como puede las bendiciones del cielo convertidas en gotas de agua, solo los jóvenes enamorados parecen disfrutarla, de la mano caminan sin prisa dejándola ser sobre sus hombros, el fuego del amor evapora el elemento vital, van dejando un halo mágico, maravilloso.
Marcho en línea recta a mi ruta esquivando locas carreras de personas que cruzan el centenario parque, disfruto la lluvia, intento ser uno con ella, pero  la nostalgia de muchos recuerdos ligados a esta me  salpica con cada gota que se estrella al piso, me reflejo en cada charca, pero en ningún rostro, el run run de la lluvia disuelve lentamente el ruido de la mente, click, clack, click, clack, click, clack.
Voy ahora por la carretera, distingo urbanidad y campo, campo y urbanidad, la lluvia muestra borroso el fecundo valle, el click clack no cede, cilck clack que riega los campos, activando las semilla recién sembrada, click clack que crea riachuelos en las parcelas, click clack que alegra  al campesino, quien en un arranque de buen ánimo toma su sombrero,  se viste el jorongo y sale entre el click clack a cosechar hongos y zetas silvestres, pues es el momento más adecuado, justo brotan con la suave y persistente llovizna, con un silbido bajo llama a sus perros, los que aburridos de jugar y corretear entre sí,  inician loca carrera rebasando enseguida a su amo que enfila rumbo a los montes; caminar bajo la lluvia solo es superado por caminar bajo la lluvia en el campo, nadie mejor que él lo sabe,  un par de horas después vuelve precedido de ladridos de sus fieles guardianes, que alegres por la aventura  lo anuncian escandalosos, un repleto costal de manta se vacía en el piso junto al fogón, basta extender la mano fuera del jacal para enjuagarle la tierra a los coloridos hongos: Yemas de un amarillo dorado, colosales semas marrones y un montón de patas de pájaro  van colmando uno a uno el viejo comal sazonado ya con ajos y cebolla, en una ollita de barro frijoles negros recién retirados del fuego, burbujean expidiendo inconfundible y apetitoso olor a epazote y chilitos picados,  la familia se reúne  escuchando detalles de la recolecta y  llenando sus estómagos con los manjares dignos de cualquier rey.
 Un relámpago ahuyenta mis fantasías, ya anochece, las luces brillan y se apagan con la densidad de las gotas, a lo lejos las ranas  iniciaron hace un rato su competencia anual buscando el croar más sonoro, las calles vidriosas lucen desoladas, solo un perro acurrucado en una escalón me mira asustado, tal vez está perdido, se aproxima temeroso, me detengo frente a este, lame mi mano en busca de compañía o protección, le miro y descubro  otras semejanzas entre nosotros, mestizos mojados solos en la noche, “vente compañero” -le digo bajito-  tomo mi lugar en el otro extremo del escalón y juntos, perro de campo y perro de ciudad disfrutamos en compañía el resto del aguacero.

Bibián Reyes Julio del 14 Tulancingo Hidalgo.

miércoles, 25 de junio de 2014

Apocalíptica: La serie.

 

 

Introducción a la serie

Uno

 Lúgubre camino ya por la sombra de un recuerdo…Yo quién estuvo ahí y lo vio todo, soy ahora una figura deforme y contrahecha…

Yo quién por manos tiene huesos retorcidos con dedos ya sin uñas, extensiones de brazos  que de tanto acariciar e implorar, complacer y suplicar  -primero- fueron lacerados, rotos, desmembrados y vueltos a unir por obscuros artificios, y que de tanto pelear, golpear, arañar y agitar –después- fueron alabados ungidos, besados y santificados en paganos ritos…..

Yo a quien las piernas le tiemblan y se arrastran, muevo delante de ellas un bastón para andar con dificultad desesperante, fueron antes que todo ocurriera, firmes y deliciosas, decían quienes me vieron andar y desearon hasta en sueños separar suavemente e introducirme una y mil veces el miembro que de ningún ser humano jamás sentí……
Sentí… siempre que ocurrió inhumanos falos mil y un veces entrando y saliendo brutalmente en posesiones que separaron, no.. que abrieron mis piernas violentamente aún sin verme siquiera andar……andar que mortifica mi espalda, aun mis nalgas… mi espalda… mis nalgas…. Cuantas garras, cuantas zarpas, cuantas uñas… uñas que lacraron una piel una vez joven, casi infantil, suave, tersa, dócil, dura, gris, áspera, vieja casi sin vida hoy… como la expresión en mi rostro, desfigurado, horrendo, motivo de espanto a los contados seres que me han visto en los años posteriores a mi regreso…..

Yo la única quien  surcó el tiempo y el espacio ajeno e inimaginable a todo pensamiento y condición humana…

Yo quien en ese viaje fui fuego, luz, agua, espíritu, hielo. Oxígeno, hierro, polvo, sílice, carbono, ceniza, y mujer de nuevo…

Yo quien cruzó el abismo, el orco, la noche eterna, los infiernos, el negro cósmico, la oscuridad, el Valhala, el caos, la nada absoluta.

Yo quien lo desafió y derrotó sellando su destino para siempre en esta tierra y las otras.

Yo la heroína, la divinidad encarnada, la inocencia, la verdad suprema, la conciencia infinita….

Yo la anciana terrible, la absurda, la demente la abominable, la hereje….

Yo apocalíptica…




















H.B.R.V.  julio 2004 CD. de México. Derechos reservados