martes, 11 de diciembre de 2018

DEUS EX MACHINA






UNO

Las conversaciones de sobremesa siempre eran amenas y llenas de historias de las que un hombre maduro tiene en demasía, viejas creencias y devoción matizan los eventos relatados, la memoria ágil va trayendo remembranzas de sucesos y aventuras, ya sea en la capital del país o allá en Oaxaca de donde es originario. Su familia le escucha atenta relatar las ya muy masticadas historias que forman parte entrañable del colectivo, Guadalupe sin perder atención al relato, me va dando un poco más detalles en corto,  mientas aprieta mi mano  con emoción.

Esta historia en particular era dramática, viajan  al pueblo paterno a la fiesta anual en honor a la virgen de Juquila culto muy extendido  entre la gente de esa región,   lleno de instrumentos y equipo de sonido, músicos y familia marcha el viejo camión  alquilado en la ciudad de México y por ende poca pericia posee el chofer en esos caminos entre la sierra que divide el altiplano y los valles del antiguo reino Mixteco, por tanto las subidas lodosas y las pendientes con voladeros en ambos lados cada vez le exigen más atención y control, los frenos de atole van siendo más necesarios a  la vez que insuficientes, la curva cerrada impide tomar fuerza para sobrepasar la empinada cuesta, el camión avanza unos cuantos metros luego ni la sobremarcha es suficiente para lograr continuar, el gran peso se carga hacia atrás obligando al operador a soltar el acelerador y pisar con todas sus fuerzas el freno, con la sacudida las llantas inmóviles comienzan a resbalar en diagonal aproximándose peligrosamente a la orilla sin margen de maniobra, ya sudaba el conductor cuando dejaron el camino con asfalto ahora perla su frente por la zozobra, les ordena a todos bajar y buscar piedras para atrancar las llantas, la pierna se entume por la fuerza sobre el pedal y comienza a temblar,  todos corren buscando rocas grandes en un camino liso como una moneda, entonces Celio que no se apartó del chofer, cierra los ojos y pronuncia bajo estas palabras “Virgen de Juquilita ayúdanos por favor”.

Diez o quince segundos interminables de gran angustia y luego, por la casi infranqueable ladera aparecen seis o siete hombres con lazos y tablones, detrás de ellos un tractor con cadenas en las ruedas avanza lento pero firme, incrédulos exclaman cada uno a su modo las emociones contenidas,  para luego pedir ayuda a los inesperados que vienen de desatascar una camioneta del fango en una brecha próxima…


DOS
Fue muy doloroso Bibián, haberlo visto no una sino dos veces de la mano paseando con la chica esa, pero ya me conoces, la primera vez me detuve bajé del carro y le dije, oye él es mi esposo, está casado conmigo mira, y le enseñaba el anillo en mi dedo, ella con los ojos muy abiertos me miraba y decía, cálmese si no somos nada, solo vamos caminando juntos, yo iracunda me di media vuelta y me fui llena de rabia a llorar a mi casa, luego ya en privado no te puedes imaginar la pelea, el llanto los reproches  y la impotencia, luego la segunda vez que los vi les dije, no que no eran nada, la chica no se atrevió a decir nada él también se quedó mudo.

Luego ya en el trámite del divorcio se empezó a llevar sus cosas, caí en depresión tuve terapia psicológica , me la pasaba llorando pero no podía dejar de ir a trabajar, dar clases de alguna manera mantenía  mi mente ocupada, lo más difícil era llegar a mi departamento  y saberme sola, comencé también a armar rompecabezas de muchísimas piezas, en ello me pasaba el tiempo en casa, dejé también de arreglarme bonita y  a usar ropa holgada no quería llamar la atención de nadie, sabes también que como estoy bien nalgona desde estudiante era un problema andar en la calle y en los camiones no faltaba el cabrón que me agarraba una nalga o las dos, a mi más que coraje me daba miedo, pero no le decía a nadie, solo llegaba a mi casa y me ponía a llorar de impotencia, por eso cuando me comenzó a ir bien junté para sacar mi carro, ya entonces me había casado y me causaba alegría ver a mi marido llegar por mí en mi jetta rojo nuevecito de agencia.

Ese fue otro problema luego de que ya se había salido de mi departamento, a fuerzas quería el carro, yo lo había pagado de mi bolsa, pero este cabrón me hizo cuentas de cosas que él había comprado y en suma era casi la mitad del valor del coche lo que le tenía que dar, entonces de tan desgastada que estaba, llevé vender mi coche, me dolió un chingo, porque me había costado mucho comprarlo y me hacía mucha falta ya te dije por qué, pero con tal de no verle la cara al fulano le di el dinero que me peleaba para ya no tener que estarle escuchando cobrarme o tener que dárselo.

Yo salía y tomaba taxi, y de regreso lo mismo, pero también los taxistas son bien cabrones y no faltaba el que me decía alguna cosa,  ya era fin de año yo no quería ir a la cena que la universidad da a los maestros, no tenía nada que celebrar ni había puesto adornos navideños ni nada, al final me arreglé y me fui a la cena, comenzaron las rifas y la convivencia, casi al último tocó el premio más grande, y ¿ qué crees?, que me lo saco Bibián, ¡nuevecito me gané el cochecito! Al otro día fui a recogerlo, ¡quiero mucho a mi atitos!

Cancún Quintana Roo, diciembre del 18.

domingo, 14 de octubre de 2018

PAREIDOLIA EN EL PUNTO CIEGO



                               

Desfile y gala, ¡prepárate! Decora un poco ese corazón frio, un poco de perfume en las venas y algo de alcohol en las cienes,  marcha así desprevenida, rodeada de animados maniquíes, al paso en cordiales saludos a la derecha con la turba, que por la izquierda va la comparsa de febriles abrazos buscándote afanosos, brazos abiertos que caminan resbalando y cayendo, provocan atraso de las comitivas que se cubren la boca para no exclamar al unísono los sonidos de las onomatopeyas que no he de escribir hoy.

 Y en el escote mis secretos te tocan toda con manos y fluidos.

 Y en la cintura bien ceñida con encaje, bajo algodón y poliéster en una mezcla cincuenta  por cincuenta vaya y venga mi mareo necesitado.

 El prodigio de tu sonrisa a córnea viva las marca cual hierro al ganado, desventurada musa, vocales y consonantes desesperan sentadas en la banqueta, olvidarán su sonido de tanto esperarte, un perro tal vez confunda la i latina y la mordisquee un rato, para luego de orinarla abandone la escena del crimen de tu ausencia, ¿quién se atrevió a lanzar confeti?

Más de un ofuscado intentó callarlas, pero  las plañideras a lo suyo, el bromista se ahogó al rato y murió de risa justificando el pago al dispar contingente.

¿Qué es lo que se escucha? clack clack ¿son tacones en las baldosas?,
 clack clack  ¿ahora sobre el puente?
clack clack  ¡comamos hamburguesa!
 clack clack ¡se anuncia mi pasión y muerte!

 ¿Terminó tu carnaval? te espero en mi brutal desierto, tras cuarenta días y cuarenta noches el diablo aún no me convence, ¿por qué no vienes y le ayudas?

Duermo cada noche con la paz de quien nada tiene, nada debe y nada espera y cuando el sol pasa sobre mi cabeza le guiño el ojo a la fuerza, nunca he podido sostenerle la mirada.

El campo minado que me circunda se extiende lejos, mucho, hasta mar adentro y cuando una sirena distraída estalla, corro a la playa a suplicar por su  alma.

Cada tarde al ocultarse el sol, camino al encuentro del ocaso ¡ja! mi sombra escapa  en dirección contraria, vaya  ¡conoce la tendencia!

¡No sois vos Galaor, menos tú adorado Amadís! ¡El filo de sus aceros os libre de malsanas traiciones y la nobleza de sus corceles de  grises conjuras! Por el momento en apolillados  tomos luchen, ¿ganan? Que colme su espíritu una oda ¿pierden? conforten el alma en una balada.
¡Ahora escuchadme con sumo esmero amados Héroes! Sin dolo ni congoja apartaros ahora de mi senda ¿no veis he sucumbido al oscuro ardid de la hechicera?

Os imploro, no permitid timo o plagio, solo luchen y luchen, ¡peleen, caigan y levántense! una,  otra, y otra vez, de mi sangre que no he de fallarles, ¡volveré otra vez  infante  y marcharemos juntos al través de las mejores páginas!

Un Héroe en destino nunca pierde, pero por dios ¡nunca tampoco gana!

¡Por necesidad marqué el curso  de esta trágica comedia,  Bendecido y a la vez maldito, cual árbol sin raíz que no se seca, caeré siempre en su honor el último, a los pies de la  gélida valquiria!

martes, 21 de agosto de 2018

FANTASMAS




 Uno como la mayoría se aparece por las noches, o es cuando más se nota su presencia, al parecer siempre está ahí al acecho de presentarse bajo cualquier pretexto, aunque no se sienta viento helado ni crujan puertas o se cimbren vidrios, menos se ericen vellos.

El otro por las mañanas se pasea como si nada, hace como que tiene una vida, va al trabajo, lava un plato, zurce calcetines o recalienta café aguado.

Por las noches el primero se introduce en los sueños del otro, y aunque el que duerme sabe que es un sueño, uno, dos, tres, cuatro segundos que le toma saberlo, le bastan para ser feliz, tanto que vivir (o creer que está vivo) vale esos cuatro segundos.

Y es que el  momento más incómodo del día es el relevo, somnoliento y feliz por el onírico encuentro, el fantasma diurno se queda con los ojos cerrados corriendo una y otra vez su pequeño loop, otras tantas el llanto le viene cuando el sol lo llama a existir en un plano distinto, un sueño dentro de otro, es difícil decidir cuál es menos real y más penoso el no poder decidir  en cual quedarse.

 Algo en conclusión hay de todo esto, el tiempo no es nunca una invarialbe, se alarga o acorta dependiendo lo que se experimente, las cosas buenas que en la vida existieron, se perciben tan irreales como si solo se hubieran imaginado, y esta figura fantasmal que ahora visten parece ser una constante en la que han permanecido indefinidamente.

Los días pasan, las noches vuelan, pero siempre es lo mismo, tan intangibles como clandestinos, comparten rincones, techos y umbrales, descarnados danzan sin tocarse nunca más, sin ojos en las oscuras cuencas, sin almas en los astrales cuerpos y sin te amos, los verdaderos o los fingidos; son las polillas triste comparsa a sus furtivos encuentros, película muda en blanco y negro, en gris y negro, en negro y negro.

Somos ahora solo dos pobres fantasmas, el tuyo que me atormenta siempre en las cálidas y desoladas noches, y el mío que aparenta vivir, deambulando perdido, entre un sinfín de rostros extraños.

HBRV
Ciudad de Cancún
Agosto del 18.

miércoles, 15 de agosto de 2018

LA ESENCIA DE TODAS LAS COSAS


LA ESENCIA DE TODAS LAS COSAS



Desde que recuerdo y tuve valor para hacerlo, comencé preguntando a la gente en la calle.

¡Un poco de plástico! coincidieron dos o tres, esos, los de voraz consumo, es indispensable hoy en día. -Hombre, no imagino en la actualidad algo sin una pequeña pieza de plástico-dijo uno plenamente convencido.

-Hasta la pasta dental jovencito, he leído en el empaque que trae micro partículas de plástico, ¡que locura! Dijo otra categórica, agitando la bolsa de sus compras.

Hierro y no otra cosa, me respondió sin dejar de andar un tipo sucio con actitud algo hosca, nada sin hierro puede estar en pié, profundizó reflexionando un poco.

Algo de fe hijo, me dijo una vez la abuela, una de esas lejanas tardes que nos sentábamos a escucharla  narrar sus historias con voz pausada.

¿Pero de dónde saca un niño esa clase de preguntas?

Honestamente no lo recuerdo, tal vez llegó a mi mente luego de ver en televisión uno de esos concursos de ciencia donde preguntaban de todo, o montado en un juego de feria girando mareado.

Una tarde con algo de ingenuidad se lo pregunte a mi papá, luego de mirarme unos instantes me respondió: Pinche enano, ¿Que pregunta es esa? Y se alejó algo inquieto.

Así como Einstein buscaba con tanta dedicación su teoría del campo unificado, así yo estaba empeñado en encontrar algún día eso que coincidiera con todas las cosas, cualesquiera que fuera ese ingrediente o compuesto, ya fuera visible o intangible, lo que diese sazón a la comida, color al cielo, fulgor al sol, risa al infante, brillo a los ojos o velocidad al viento.

En algún momento luego de leer un libro de dioses antiguos venidos del espacio, casi convencido estaba que era algo proveniente del mismo, de inmediato me puse a ahorrar para comprar el mejor telescopio que me fuera posible y darme a la tarea de espiar al cielo; -jajaja daré contigo- decía exaltado camino de regreso a casa luego de vencer en regate (eso me hizo creer) al viejo usurero del bazar en el centro.

En pocos días pude conocer todos los colores de prendas íntimas que poseía la cuarentona del edifico a cuadra y media,  realicé una que otra observación a la luna, y  logré examinar a detalle las azoteas circundantes a mi casa, pero no pude sacar más conclusiones, solo que vivía en un barrio muy animado por las noches.

Lo demandante de los estudios me alejó de nuevo de mi poco congruente teorema.

Un alocado día de verano casi me pareció dar con la escurridiza respuesta, entre carne, sudor y fuego en ese gran crisol de éxtasis, la respuesta me quedó en la punta de la lengua, evaporándose en el último jadeo.

Luego la edad, trabajo, responsabilidades y pretextos me alejaron de imaginar donde podría estar la respuesta a mi incongruente- tal vez- prerrogativa.

Una noche hace no mucho, torturado por los delirios de una fiebre que me hundía en un pozo que parecía interminable, me condujo finalmente a un sitio donde entablé intensa conversación con la cara impresa en una moneda gigante, la que me susurró casi en secreto la respuesta largo anhelada, desperté entre gritos delirantes de júbilo, ¡me lo dijo! ¡Me lo dijo! Solo que al despertar olvidé el mensaje.

Ahora bien, le diré a usted algo, si las viejas solteronas discuten añejas insatisfacciones con sus gatos, otros tantos intercambian paz  por atomizadas frases de cariño con sus plantas, por qué carajo, si señor y no me diga que me calme y me recueste de nuevo, por qué diablos que ahora converso  todo el tiempo que me es posible con pesos, tostones o cualquier moneda fuera de circulación, es motivo de agobio por parte de mi familia, y eso de traerme por la fuerza a terapia, ¡ah si la fiebre no me hubiera dejado tan débil! ¡Créame señor que no me mueven de mi cama ni un puto centímetro!

Bibián Reyes
Agosto del 2018.

domingo, 10 de junio de 2018

¡AL DELATOR!



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Veintinueve días te soñaste un cetáceo pujando tras el cardumen, veintinueve días y sus noches bregaste a contra corriente con fauces enormes devorándolo entero, y cuando el último pez destellaba rumbo al fondo del gástrico, transmutó en tu lengua al lúbrico sexo, ideal, delicioso.

Debe ser el Mar y no tu llanto al despuntar el alba; carnada en oro pescador, la próxima vez, no lo olvides.

La tarde cálida refresca sus mejillas con el llanto de un hombre ciego.

 En el horizonte dos titanes dirimen a golpes irreconciliables cuitas a placer del viento, el sol del  ocaso les tiñe en sangre los puños, luego en girones se pierden en la noche de tus tempestades.

Cuando náufrago por fin mueras, alguien recogerá la iridiscente mezcla de tus cenizas, conchas breves y arena fina, amalgamadas en pequeñas dotaciones que con simple mercadotecnia  se ofrezcan en estantes y sofisticados aparadores con la leyenda:
“Maquillaje para lucir siempre hermosa”.

Bajo esa premisa se probará en  patas de gallo que entre párpados y ojos vayan apareciendo con el paso de los años. Un poco al inicio, un poco más después, y con los extraordinarios resultados, vanidosas amas harán cotidiano uso de su poderoso efecto, sin embargo y por tu bien no te atrevas a probarlo.

Pies en polvorosa es valentía Perseo, sea la distancia escudo y el tiempo certera lanza que mate tu creación Medusa.

Botella lanzada al mar, con la marea nunca alcanzarás el desierto.

Bestia creación imparable, concedido  tienes alcanzar la superficie,emite una vez más tu lastimero canto, y tras una última bocanada de aire, sumérgete por siempre en las profundas aguas de ese mar olvido.

Bibián Reyes
Mayo del 18
Cancún Quintana Roo.

lunes, 26 de septiembre de 2016

ERAN DOS COLUMNAS BLANCAS





Parecían interminables, tal como si llegaran al cielo mismo, blancas impecables, desde lejos no se sabía de que estaban hechas ni de cerca, tal vez hormigón tal vez acero, luego eso ya no importó, en perfecta simetría resistieron el paso de los años, hubo siempre mucha gentuza hacinada en sus bases con la firme idea que el evento más extraordinario de la humanidad ocurriría allí en el momento más inesperado, aunque a nadie le dejaron construir ni menos levantar un muro, miles de tiendas de campaña se levantaron por doquier, y ello trajo suciedad y pestilencia, una orden judicial les obligó entre jalones y peleas desocupar las inmediaciones muy a su pesar, y todos consensaron mudarse a un cerro cercano, nomas para estarlas contemplando, nomas para esperar el evento creación de una mente florida en disparates. 

Por las noches con una extraña fosforescencia se podían ver tan lejos casi como por el día, ahí en la salada llanura, servían de faro y punto de orientación, cuando había ventisca fuerte, había el recelo que pudieran colapsar pero nunca hubo señas de debilitamiento o tremor durante los terremotos, durante las guerras que a lo largo de cuatro o más milenios tuvieron por ahí lugar, nunca nadie intentó derribarlas sobre su oponente, ni escalarlas para espiar, ni colgar de ellas alguna máquina de ataque, no hay certeza que fueran construidas para culto alguno ni para conmemorar una victoria, tampoco para enaltecer a un soberano y menos para demostrar sabiduría científica o tecnológica.

De hecho en esta era agitada, con exactitud ya nadie sabe quien las hizo, y cómo es que lograron tantos metros de altura, tampoco nadie se atreve ya a tomar una muestra de su estructura, debido a que existe la leyenda que una vez llegó de oriente un gran sabio el que frotó una raíz en cada una de las tres caras de las dos columnas por espacio de veintiocho noches y que luego de preparar un bebedizo con ella, pasó otras veintiocho alucinando con tal demencia y que de todos los terrores que narró y que muchos fueron recogidos en papel y lápiz  luego de tan atroces y descabellados fueron decomisados y quemados según se dice, pero hay también quien cuenta con miedo y cuidándose de no ser escuchado por alguna autoridad o persona indiscreta, que todo lo recogido se estudia ahora como un oráculo y es guía para tomas de las más importantes decisiones entre los gobiernos del mundo.

A partir de ese hecho, los miles de ojos que a diario las veneran como hipnotizados impiden silentes que alguien se atreva a tocarlas, se dice que hay ya francotiradores siempre al acecho y que si alguien se aproxima a menos de dos metros recibirá un balazo certero en el cráneo, lo cierto es que por nada están resguardadas, por lo menos no visiblemente, pero tampoco nadie se aproxima tanto como para averiguarlo.

Luego por años caen en el olvido de la gente común, nada se especula, nada relevante se dice, solo los místicos y locos nunca las pierden de vista física o espiritual, haciendo siempre referencia de tal o cual de sus virtudes o cualidades, que si al través de una visión conocían la fecha exacta del fin del mundo, que si al mirarlas desde cierta distancia y haciendo el bizco, se podía ver una tercera columna invisible al ojo humano la que en realidad estaba formada por esas dos partes, que el mismo Moisés  la había partido con el poder a él otorgado por Jehová  ya que al hombre no le eran permitidos conocer por ahora la verdad de su naturaleza y que cuando la humanidad alcanzara la madurez como especie se revelarían todos sus secretos y podría al fin vérsele como una sola en vez de dos. 

Que si multiplicando lo largo de cada una con la distancia que las separaba se obtenía un número del que usando su raíz cuadrada aplicada a algunos cálculos de ciencia espacial arrojaba datos sobre teorías de navegación y distancias entre los astros en particular nuestro sol y sus planetas orbitándole.

 Nunca estuvo aparte del fenómeno ovni y casi puedo asegurar que nació con ellas, ya que hay frescos en los museos más importantes que retratan avistamientos de la antigüedad en sus inmediaciones o sobre ellas, fotos del siglo pasado también, aunque borrosas o de dudosa legitimidad le han dado más notoriedad y reconocimiento como lugar de encuentros del tercer tipo. 

Nadie nunca pidió u obtuvo de haberlo solicitado, permiso para realizar alguna película junto a sus cimientos o en sus inmediaciones aunque documentales de todo tipo han existido en cantidad innumerable de todos los países y desde diversas perspectivas pero es cierto que nadie ha podido nunca desentrañar ninguna de las interrogantes que a todos nos inquietan y de las que tarde o temprano desistimos hartos de saber con certeza nada.

Una calurosa tarde de septiembre bajo un sol dorado que se ponía en el horizonte las dos columnas mimetizándose bajo los colores de la puesta de sol fueron copiando el color ámbar desde lo alto y poco a poco hasta el piso reflejaron sol nubes y cielo, una gran exclamación surgió de las animadas masas que por generaciones habían esperado algún minúsculo pero significativo suceso que diera a sus vidas sentido, luego el pánico se apoderó de todos reviviendo las palabras del antiguo profeta que muy claro la había dicho varios cientos de años atrás:

“Arderán en ellas las mismas llamas del sol y todo terminará cual si nunca hubieran existido antes”.

Los reporteros se avisparon para narrar el fin del mundo, las cadenas de noticias subieron al doble sus tarifas de cobertura especial y todos dejaron de realizar sus cotidianas labores y se dieron a la tarea de satisfacer hasta el más mínimo de sus deseos, el mundo se acababa no había que dejar la mente o la carne irse al infierno con algún deseo no cumplido.

Corrió el vino en las gargantas, la sangre en las calles y el sudor en las sábanas, se acabaron las vírgenes y las más castas merecieron el peor de los adjetivos, los niños en las cunas morían de sed o hambre, las aves en las jaulas reventaban de sol o se entumecían de frio, los hombres esos pobres carentes y ansiosos rebotaban por las aceras, en las paredes y en los cristales intentando satisfacer todos y cada unos de sus deseos reprimidos de un jalón, parecían maquinas con los comandos atascados, en las ciudades las sirenas de las ambulancias dieron paso al silencio, se acabaron las municiones con la última de las venganzas, los brazos cansados de hacer se rindieron fatigados, todo quedó saldado entre hombres, mujeres, rivales y naciones.

Luego de tal vacío de sensaciones, no hubo entre los sobrevivientes quien pudiera contradecir el mandato del régimen final y único que se estableció en el mundo para reorganizar la sociedad en ella: destruir las columnas que habían traído al mundo el apocalipsis, así los mayores trascabos, se aproximaron a una distancia prudente para que luego de ser derribadas por  las inmensas grúas que tirarían de ellos con descomunales cadenas ( ya que también se había prohibido el uso de armas de fuego, misiles o cualquier arma de destrucción masiva) acomodar todo el escombro resultante de ellas en camiones que llenaban en interminables filas los caminos y carreteras de hasta cuatro carriles que transitaban cerca de las colosales y otrora prodigiosas columnas blancas.

Pero las cadenas no pueden ser sujetas a ideas abstractas, ni los ganchos atrapan fanatismos religiosos, tampoco se pueden disolver como el azúcar en el agua pensamientos arraigados en el inconsciente colectivo. Luego de tal sorpresa y llenos de ira tras el gran engaño cada uno tomó su lugar en el mundo en consecuencia de sus propias conclusiones, hasta que el olvido convenció a la memoria de haber todo ocurrido entre las últimas luces de una tarde de septiembre y el amanecer del primer día de octubre justo dentro de un loco e intempestivo sueño.

Bibián Reyes
Septiembre del 2016.

viernes, 9 de septiembre de 2016

OTELO Y EL DEMONIO DE LA MEDIA NOCHE




Si la sangre mar embravecido que golpea las sienes, si los puños fuertemente contraídos blanquean la piel morisca, si la boca seca urge saliva que no segrega, si el mar agitado a sus espaldas solo una tormenta en un vaso de agua, al oído con mucha calma y mucho filo en la lengua Cadriel sesea lo adecuado conduciéndole suave pero directo a laberintos oscuros del alma, a la memoria primigenia donde el instinto era rey y el razonamiento una novedad en el proceso del pensamiento.


La mirada puesta en sucesos desarrollándose en su mente, le hacen parecer distraído y taciturno, nada corroe desgastando constante como la duda, nada provoca más dolor como el engaño y nada desata la ira así tan de tajo como la traición.


El baile de máscaras se desarrolla sin contratiempos, y tras las mascaras las intenciones impacientes por mostrarse rechinan los dientes en cada giro, en cada sonrisa y en cada abrazo estrecho demuelen hasta los escombros su gran amor inexorablemente.


Ya poseedor de su voluntad el demonio de la medianoche ahora lo mueve cual titiritero al títere, ya arroja en pedazos el espejo, y después de no dejar nada en pie, sale de su habitación resuelto a lo impensable, sus pasos en las baldosas resuenan en el silencio de la noche, su noche maldita.


Desdémona mujer amada, negra hechicera, perra traidora, ¿por qué amor del alma?


¿Acaso antiguos amantes desgastaron tu ilusión?


Si apenas ayer te entregabas toda en mi lecho con ardientes pasiones ¿o también eso fingías?


Dispuesto estaba a ser tu ciervo, tu fiel amante, tu devoto adorador, ¿Qué has hecho? 


¿Como puede tu semblante hermoso reflejar tanta frialdad? ¿Y cómo tu diáfana voz pronunciar tales palabras?


¿Qué fue de los te amos? ¿Y qué de mis manos sobre tu piel hasta hacerte perder el sentido?


¿Olvidaste la tibieza en mi regazo o fue acaso solo un sueño?


Márchate ahora, húndete en lo profundo, aspira y que el agua en tus pulmones te conduzca sin demora al peor rincón del tártaro.


Bibián Reyes

Septiembre del 2016.