miércoles, 18 de marzo de 2015

MEANDROS DE OTOÑO




Marzo asoma por la mañana con grises ojitos vidriosos y su  llanto le recrea en la mente nostalgias por  tiempos menos aciagos, la primavera no llega y el pánico entre las masas por este inusual retraso es equiparable al de una mujer que hijos no desea, las yuntas en los campos no pueden barbechar con lodo, las aves se congelan en los troncos desnudos y los brotes se ahogan bajo la pertinaz llovizna.        Las febriles candidatas se niegan a probarse el atuendo para el desfile del día veintiuno, mientras los empleados de las tiendas no saben si rematar o subir de precios la ropa de la temporada de un invierno que parece interminable.

Cada día es un reto ponerse en pie y ajustar su realidad a la realidad del mundo que parece ocurrir sin tomarlo en cuenta para nada, o mejor dicho tomarlo en cuenta para nada importante. Repasa las cosas una a una y se pregunta cual de todas ellas es lo suficientemente notable  como para salir de las cobijas y meterse a la regadera, los minutos entre cuarto a las nueve y nueve y diez siempre le miran ahí tirado, y siempre echan a correr para presionarle a ponerse en pie, busca algo de donde asirse pues el aire de tan transparente no ofrece alguna saliente.

Entonces viene el recuerdo de esa luz  a su memoria, y las pupilas que lanzan fuera de si el destello, y sus ojos brujos sin dejar de mirar, la gran sonrisa que forman sus deliciosos labios, su pelo enredado al viento le define como la personificación de todos sus sueños, se desenmaraña de si mismo y se apresura a hacer real este recurso de su mente. Se alejan entonces todos los pesares y con ellos ya brilla un sol dentro, la fuerza que es posible juntar es suficiente para iniciar la jornada, ocho minutos de agua tibia son suficientes y una taza de café después esta listo para salir a la calle que luce plagada de autómatas.

En la combi las conversaciones son tan deprimentes como deplorables, las mentes apenas articulan discursos gastados de cotidianidad intrascendente y bajísima formación e información, la mediocridad es el común denominador a la operación matemática que a todos resuelve, arrojando múltiplos del mismo resultado, si mas o menos ambiciosos, si mas o menos provistos de medios de vida, todos van llenos de vacíos que en la experiencia tridimensional no llenaran.

Va  como todos a la jornada, agradece a Ray Bradbury su fabuloso Fahrenheit 451, que convierte la maloliente camioneta de ruta en una máquina del tiempo que le permite mirar a los ojos a Montag justo cuando llega de su propia rutina a no ser feliz con la indiferencia de MIldred. Se mira en ese espejo  mientras su mente acaricia una idea largamente deseada: Dejarlo todo y huir, huir de la rutina, de la mediocridad, ser por fin él mismo y no quién  los demás esperan que sea, dicen también que nunca es tarde para ello, en la auto crítica sabe que ha puesto lo mejor de si en cumplir cabalmente sus responsabilidades y no desea salir a vivir cuando no sea mas que un viejo lleno de dolencias e indiferente a todos.

Las tormentas de su propio verano se alejan dejándole en el olfato fresco aroma a piel de hembra mojada, ahora mas sereno y maduro, espera recorrer el mundo en búsqueda de su santo grial, aquella que le permita ser y hacer , ser uno y no dos juntos.

Llega a la oficina y en el espejo que la puerta del cristal crea, se observa y en pleno marzo las canas mojadas por la terca lluvia, le matizan en las sienes  suaves meandros de otoño.

Bibián Reyes                                                                                                        
Marzo del 2015

viernes, 13 de marzo de 2015

Con el anticuario




Puertas siempre abiertas  de par en par engullen a quien se atreve a danzar desde la calle al interior, con pasitos tan improvisados que parecen ensayados, uno al frente dos atrás, dos al frente uno atrás, a pesar de la lluvia que caiga pertinaz o el sol a plomo, algunos   lucen dudosos, otros se ven angustiados, una vez dentro mil maravillas del ayer ahuyentan sus interrogantes al estirar las manos para una vez elegidos ser vueltos a la cotidianidad del marchante.

EL viejo anticuario soba sus artríticas manos, se acomoda los anteojos unidos con cinta por el centro y las  lentes estrelladas, codicioso de valores y moneda de curso legal, se levanta vacilante de un sillón sumido, que ha calcado su cada día más enjuta anatomía, la avaricia asoma por las comisuras de sus labios pastosos mientras intenta una sonrisa hipócrita, en el escrutinio rápido cree deducir las necesidades de la clientela, la que  asombrada con tantos objetos disimiles observa los  atiborrados estantes, cuando por fin alguien rescata polvoroso objeto, este se apresura a sacudirlo y destacar las cualidades del mismo:

¡Ah magnifica elección!, ¡un buen tarro para beber en él la  rutina que adormece el alma y mata los sueños!

Mmm esta litografía de Joan Miró es ideal para decorar la salita de estar, ¡puede apreciarla sin parar mientras es usted ignorado por su familia!

Yacen bajo el mostrador bajo una luz intensa  botones chapeados en oro y plata, desprendidos de las mangas de chaquetas y abrigos en feroces abrazos de despedida, o apasionados encuentros por los callejones, mesitas para té ofrecen mil historias intimas de matronas abnegadas, cuchillos de todos tamaños y  formas susurran recetas de cocina ya olvidadas.

Viejos discos de vinil, otorgan un espectáculo verdaderamente triste, con las portadas descoloridas de sol y humedad, lucen fotografías de viejos artistas que son hace tiempo humus de industriosas lombrices, apilados unos a otros mueren por girar y girar treinta y tres veces por minuto reviviendo recuerdos adheridos a sus acordes y melodías.


Porcelana voyeur ya no se excita como antaño, al ser muda testigo de los secretos de las aburridas aristócratas, que solazaron muchas tardes de adolescencia en relaciones homosexuales y felaciones  improvisadas por las salitas de sus caserones,  ahora palidecen en las repisas y cuando alguien con curiosidad las toma, hacen hasta lo imposible por estallar en el piso y tener la experiencia lúdica con la escoba y el recogedor.

Piezas de loza fina que muy relucientes llegaron desde Europa a adornar rancias vitrinas, fueron continentes de crema  o  pasta en banquetes y comelitones especiales de gran alcurnia, ahora salen envueltas en papel periódico resignadas a una nueva vida llena de modestia, pues en la fonda sudaran a mares con la grasa de cerdo y ofrecerán  frijoles de olla dos tres y cuatro veces por día, ya  por las noches estrellarán sus dorados contornos entre si en las tinas, nadando en detergente barato.

Viejas lámparas de petróleo y gas, son ahora objetos de colección, adornos de lata y latón son atractivo por su diseño a mano, viejas y pesadas planchas para calentar con carbón, custodian libros, y muchos mas libros atiborran mesas y estantes, unos bien empastados, los menos, y los mas que carcomidos por polillas preservan el olor sagrado a papel y tiempo, a lectura y reflexión, de cuando en cuando ruedan descuadernándose cada que algún curioso hurga buscando novela de aventura o alguna dama desea páginas llenas de historias con ensueños y besos apretados.

Relojes de pared y pedestal ya muy fatigados, decidieron un día dejar de cumplir con su tarea, y conforme un nuevo viejo reloj ingresa al inventario de la tienda le convencen que deje de trabajar, que el mundo no se detendrá si lo hace, como les hicieron entender al ser ensamblados.
Joyería de todo tipo ocupa los lugares más destacados del bazar, aunque ignoran que su naturaleza y el estar ahí son síntomas inequívocos de la rueda fortuna que es la vida, mas tarde vendrá un enamorado buscando con afán un anillo de compromiso para el que ha ahorrado bastante tiempo, con la ilusión de un futuro feliz  y tal vez en mucho menos, venga él mismo a venderlo para sufragar gastos de un presente no tan ideal después de todo.


Un viejo piano destensa cada día más sus cuerdas, convencido que vio sus mejores días en las tertulias de su querida original dueña, la que desde muy niña aprendió a tocarlo con pasión y alegría, de cada tecla cada nota que emitió resultado de su tacto, este  se esmeró por que fuera tan prístina como el cielo estrellado, juntos por mas de siete décadas subieron y bajaron por tonos y escalas, y mientras ella perdía movilidad en las manos, él desafinaba un poco mas, pero poco les importo eso, fueron felices juntos, ella no necesito nunca mas a un amante que sus partituras y él nunca mas a  los finos aceites con los que era limpiado, que a su suave tacto.

Cuando ella se fue, el decidió cada día juntar toda su energía y tocar aunque fuera una nota cada noche justo a la hora que juntos compartían, en su honor y amado recuerdo, cosa que ninguno de sus familiares estimó ya que aterrorizados llevaron el piano endemoniado al primer anticuario que encontraron.

Fotos, estampillas, almanaques, todos preguntándose lo mismo, ¿Y ahora,  que sigue?

Exasperado el viejo mira a la calle, es tarde y tal vez no venga nadie más, ganas tiene de  cerrar desde hace un rato, pero no se atreve a molestar al tipo que lleva ahí ya bastante  y menos a despedirlo, mantiene la esperanza de que pueda comprarle algo, mientras tanto,  este se  hace el desentendido y sigue escuchando de cada objeto su historia, y de ellas el sentido de la vida misma, en silencio atento atiende los relatos y las emociones que de ellas obtiene, tras largo rato escuchando con asombro, una vieja pluma de tinta china en su estuche flanqueada por brillantes  plumillas le guiña un ojo desde el mostrador, y sin pensarlo más le lanza al casi derrotado viejo usurero la frase que deseaba escuchar desde hace ya un buen rato:
¿Cuanto vale esa magnífica pluma?

Bibián Reyes
Marzo del 2015

lunes, 2 de marzo de 2015

Nómada



Sale muy temprano, pisa fuerte el acelerador y toma la carretera,  decidido esta a ver el mundo, tomar por los senderos mas sinuosos, y solo regresar cuando tenga mil y una historias que relatar, no antes, se imagina excesivamente viejo rodeado de chamacos que mas por la facha le atienden que por lo extraordinario de sus historias, lleno de cicatrices, negro de sol, con tantas arrugas como vivencias, con los deseos cumplidos todos, los del alma y los de la carne, tal vez uno o dos sin hacer, pero considerando lo corta de la vida ese sería un saldo muy chingón después de todo.

El viento frio que se apresura a huir al romper el alba, le hiere las pupilas con navajas que la velocidad afila, baja los gogles, y sonríe mientras un llanto breve escurre por sus mejillas disolviéndose con la fricción del aire.

Por equipaje solo lleva una maleta llena de recuerdos hermosos, y en un viejo libro que nunca deja, besos rojo carmín secándose  entre sus páginas,  los días de juventud y vigor se van quedando atrás así como la cuidad a sus espaldas, la que apaga sus luces una a una conforme el astro sol asoma tras la montaña rayando de oro el horizonte.

Decidido está a no malgastar un solo día más de su vida trabajando en la oficina, conforme mueve sus manecillas el  reloj dicta instrucciones estúpidas: tic tac: produce para otro, tic tac, ve a comer y regresa, tic tac, soporta la rutina, tic tac vive pero no sueñes tic tac  sueña pero no actúes tic tac tic tac tic tac…

Solo se sentirá satisfecho viajando en alas de libertad, sin que el dinero sea el motor de su existencia, su brújula en automático lo lleva a donde tiene que ir y estar, en hora exacta.
Su maquina ronronea sensual por el escape y las ruedas se aferran al asfalto para las que fueron hechas, -llévenme lejos, allá donde el mundo al oído me cuente secretos arcaicos, allá donde la soledad me enseñe a ser la mejor compañía, allá donde su recuerdo arda y caldee la hoguera  cada noche que el frío de las montañas me muerda voraz, entonces  a solas, rumiare tiritando en secreto, evocaciones de tu  deliciosa anatomía.

Decidido a seguir al sol cada día en su ruta y tal vez llegar donde dobla la esquina del mundo
Decidido a vivir un día a la vez, un momento a la vez, una vida a la vez.
Viajero en búsqueda de si mismo,  el viaje  la misión y  la misión el viaje, no más.
Incansable, resuelto a alcanzar su destino, alcanzar el Bósforo, sumergirse en el misticismo del Bizancio y penetrar el Asia por la sagrada puerta de la cuidad de Constantino.

Vagar por las estepas del Khan y sus vastos dominios, hasta la tundra y los mares de china, desde el Tíbet hasta nadar en el Ganges.

¡Trasciende a tu época, a  ti mismo  y marcha sin fin por los antiguos tiempos, ve allá y vuelve cargado con las riquezas propias de tu sangre Nómada!

Bibián Reyes
Marzo del 15.