jueves, 21 de febrero de 2019

Dyos bo´otik Invierno



Ayer se marchó el invierno de esta esquina de la península, no dio tiempo a agradecerle los días menos calurosos y las noches sin necesidad de soportar el ruidoso ventilador refrescando mi cuerpo sudoroso.
De esto me dí cuenta hoy, la humedad y el bochorno con sus propias llaves ingresaron a mi casa para instalarse a lo menos hasta bien adelantado noviembre, sin embargo la tregua fue buena, ver a los endémicos quejarse del frío con veintitrés grados centígrados es divertido, en los pasados dos años que llevo acá nunca he usado ni siquiera un chaleco sobre la camiseta, el frío intenso del altiplano de México que desde las heladas de octubre se va dejando sentir y hasta bien entrado marzo desaparece, obligan a salir con guantes y bufandas por la mañana, delicioso café con canela por las noches y por las mañanas inigualable champurrado acompañado con tamales verdes y rojos que dicho sea de paso en esta región son deplorables.

Vivir a solas es ventaja cuando es necesario andar semi, o totalmente desnudo a cualquier hora por la casa, sobre todo en las mañanas, abrir los ojos y meterse a la regadera, el agua que no es fría va despejando la mente aturdida en sueños vaporosos, el uso de huaraches de cualquier tipo es necesario si no se quiere tener la desagradable experiencia de pisar alguna cucaracha sorprendida husmeando por cualquier cosa que pueda comer sobretodo en las noches, pero igual puede ser una hormiga y aunque las hay de diferentes tamaños salen con la misma misión encontrar algo que llevar al hormiguero, no importa si es la cucaracha que alcanzaste a pisar, se las ingenian bien para desvalijarla, parecen mecánicos de la Buenos Aires, que desarman un auto completamente en el transcurso de una sola noche.

Me desagradan más ahora sin embargo, los ciempiés que sale de entre el despegado piso del azulejo del baño y eso fue a partir de ver una noche uno descomunal pasearse por mi salón de clases al encender la luz al llegar a casa, y cosa curiosa, la mañana siguiente despache de un pisotón otro similar justo fuera de mi dormitorio, fueron los únicos de escandaloso tamaño que me incomodaron lo bastante como para regar con insecticida los quicios de las puertas y ventanas.

Pero no todos los habitantes de mi casa de alquiler son detestables, me encantan las pequeñas arañas que de un día para otro ponen redes por doquier atrapando cualquier insecto que tome esa ruta con mala fortuna, y que decir de un tipo de lagartijas gris claro o tal vez semi transparentes que he dado en llamar “cuijas” las que por algún motivo que desconozco se hacen notar emitiendo una sucesión de agudos chasquidos de considerable volumen que llaman mi atención no importa lo que esté haciendo, -¡Orale pinche cuija!- le de vuelvo siempre festejando su eufórica expresión.

Mi propósito hoy no era escribir de plagas pero otra real es la de gatos, los que toman como dueño a nadie realmente, pasean libres por las largas filas de azoteas de las casas de interés social, y aún en las colonias del centro hay muchos mas, invaden los andadores de la colonia del mercado veintiocho, bajo los automóviles y entre parques mal cuidados son amos y señores, no hay cantidad de perros tal que pueda hacerles frente, por las noches expresan libremente sus felatorios instintos, cosa que deben envidiar sin duda las parejas de amantes que necesariamente practican sexo mudo dentro de las pequeñísimas casas con paredes comunes de los numerosos fraccionamientos populares de la ciudad.

La sed nunca termina, se me ocurre que “sudo y luego existo” es más coherente acá que la frase original; beber una cerveza bien fría tiene real sentido, y he agregado fría a la oración anterior, al recodar los cartones y cartones de cerveza tibia que beben por la sierra de Hidalgo en los bailes de pueblo o en las bodas en Guerrero donde todo el pueblo asiste sin necesidad de invitación.
La ventaja de vivir aquí es por supuesto, tener el mar por patio trasero, así se puede en el momento que se decida mandar todo al carajo, tomar el transporte y tirarse en la playa elegida muy a gusto para admirar la variedad de anatomías femeninas provenientes de todas partes del mundo, con las diversas tonalidades del azul del mar caribe de fondo, sin la molesta marejada de vendedores que no dan tregua como en Acapulco, aunque eso por otro lado es desventaja, nadie te ofrece por estas playas ceviche o huevos de codorniz, sin embargo y a propósito del puerto, he encontrado un lugarcito donde se puede comer un pozole que casi podría pasar por guerrerense si se omite agregarle queso o sardina, faltaría unicamente un ensamble musical de joviales y escandalosos morenos interpretando los mejores éxitos tropicales de Pepe Ramos ó la Luz roja de san Marcos; todo lo que se puede hacer es ir al Oxxo a comprar cerveza y Paquetaxo; para la música tendrás que adaptarte a la que haga sonar algún grupo de amigos con un bafle a baterías. Por las tardes es común ver llegar a los empleados de hotelería en grupos a beber cerveza y parlotear ese particular acento con el que pronuncian majaderías en Maya que no detallaré ahora.

No he escuchado de mar de fondo, ni que alguien haya sido revolcado por una gran ola, pero el sargazo me tiene hasta la coronilla, sobre todo por que es noticia diaria desde que arriba a la Riviera y hasta que por fin desaparece levantando toda clase de comentarios en contra de las autoridades que no toman cartas definitivas al asunto y generando estudios para ver si se puede utilizar de alguna forma útil en vez de dar mal aspecto y ahuyentar al turismo.

Ojalá la temporada de lluvias no se tan severa y permita salir y entrar de mi casa si tener que levantarme los pantalones sobre la rodilla intentando no resbalar con las botas y calcetines en las manos, ni que decir de algún huracán que no me ha tocado padecer en esta ciudad.
Ciudad que en realidad son dos, la primera diseñada y planeada con calles anchas, paseos y jardines con esa gente que procura no mirar al lado opuesto como imaginando que en realidad no existe, pero donde en realidad vive mucha gente que pasa de aquel lado imaginando vivir ahí, esta otra ciudad la que creció son ton ni son y sigue creciendo ganando espacio a la selva, con casitas casi de utilería y colonias irregulares.

Ambas conviven como las dos caras de la misma moneda, caras que al girar en el aire comparten irremediablemente el azar sin saber cual ha de rozar el suelo, y cual brillar de frente bajo el inclemente sol de este prematuramente finiquitado invierno.

Bibián Reyes
Febrero del !9
Benito Juárez Quintana Roo.

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